martes, 14 de mayo de 2013

PENSADORES DEL XIII Y LA PLENITUD DE LA MONARQUÍA PONTIFICA


Daniel Ruiz Miguel


La clase del pasado día 13 de mayo finalizó el tema 7 del temario “Orígenes y renacimiento del siglo XII. Hacia la plenitud del pensamiento medieval”, y dio comienzo el tema 8 “La monarquía pontificia y el cénit del pontificado medieval.

En un primer momento, se hizo referencia a los pensadores del siglo XIII, que dieron lugar al desarrollo de ciertos aspectos científicos que conformaron la cumbre del saber plenomedieval en distintas ramas de conocimiento. La figura clave podríamos situarla en el teólogo inglés, de la Escuela de Oxford, Roger Bacon, sobre el que conviene realizar una mención a su recorrido intelectual. En este aspecto, volveremos para repasar algunas de las afirmaciones repetidas en anteriores clases, esto es, el relieve científico e intelectual de las órdenes mendicantes. En el caso de Roger Bacon merece incluir su pertenencia a la orden franciscana.

Realizando importante hitos en filosofía y teología, tan a menudo coincidentes en estos pensadores medievales, la novedad de Bacon consistirá en afirmar que no sólo basta el razonamiento para llegar a conclusiones verídicas, sino que se hace necesario incluir la experimentación. Esta afirmación viene a determinar la figura de Bacon como “científico”, planteando nuevos interrogantes en los campos de la astronomía, la física o la química, dilucidando la composición y las razones de la reacción explosiva de la pólvora.

En el apartado referente a los hitos culturales del XIII hay que hacer referencia a los denominados “Maestros de París”, teólogos y filósofos franciscanos que, desde su puesto como maestros en la Universidad de París ejercieron una influencia notable en el pensamiento cristiano. Entre ellos, hay que nombrara a Buonaventura de Fidanza (no sé si se escribe así, o Firenza. En Wikipedia pone “Fidanza”). Todos ellos opuestos al tomismo, tomando como referente a San Agustín. También hay que incluir entre los principales pensadores del XIII a Siger de Brabante o Ramón Llul. Este último, laico pero también vinculado a la orden de los franciscanos. Cortesano de la Corona de Aragón, a la altura de los 30 años Llul da un giro a su actividad intelectual y funda una escuela con el objetivo de combatir el islam a partir de la predicación, llegando a traducir el Corán para disponer de explicaciones con los que contra-argumentar a sus fieles.

A continuación, se dio paso al Tema 8, dedicado a la plenitud de la denominada “Monarquía pontificia”, cuyo culmen podríamos situar entre mediados del XIII y mediados del XIV, a partir del cual sufrirá un progresivo debilitamiento cuya razón principal podríamos establecerla en el Cisma de Occidente (1378-1429). Se avanzará en este momento hacia la “plenitudo postestatis” del pontificado.  Las bases de este nuevo relieve soberano se encuentran en su poder legislativo: El legislador por excelencia de la Cristiandad será el Pontífice.  El Papa será el regulador del ordenamiento institucional durante este siglo, y se dotará de una representación simbólica al respecto: La intitulación se incrementará a Pontifex Maximus (titulación de origen pagano romano, encargado de los cultos públicos), “Único apóstol”, “Único Papa” (recordemos los antipapas), “Vicario de Dios”. Se trata de reforzar su posición como cabeza de la Iglesia.

Además, aparecerán nuevos elementos que evidenciarán su poder: La tiara pontifica (triple corona), el palio o la “adoratio” instaurada por Gregorio VII, que consiste en la sumisión de aquellos que se dirigen al Papa en clara alusión a la superioridad de éste. Asimismo, el Papa reforzará su poder mediante tres aspectos fundamentales: La dirección indiscutible de las iglesias “nacionales” estrechando vínculos con Roma. Se revitaliza la denominada “inefabilidad papal”, así como la primacía pontificia del poder en su dimensión temporal. El Papa será obispo universal, lo que quiere decir que en ninguna circunscripción eclesiástica puede no tener potestad frente a cualquier jerarquía. También será “imperator in regno suo”, en sus dominios en el centro de Italia.

A continuación, se explicó la variación en proceso electoral al cargo: Electo por los cardenales obispos. A partir del II Concilio de Lyon (1274), Gregorio X establecerá, para evitar en lo posible las intrigas y los sobornos, que la elección se haga “con clavis” [bajo llave], retirando a los electores progresivamente la comida para dar fluidez a las elecciones. Vinculado a estas medidas se hizo referencia al caso del Papa Celestino V, el cual fue elegido en 1294 tras dos años sin decidirse ningún Papa. Celestino V, de vida ascética en el sur de Italia, dimitió del cargo a los cuatro meses para continuar con su ascetismo y manera de vivir su fe. El nuevo Papa electo, Bonifacio VIII, para evitar posibles rivales a su poder, le persigue y le encarcela, pasando en cautiverio los últimos diez meses de su vida. También dimitirá Gregorio XII. En este sentido, hay que dejar constancia que todas estas maquinaciones y episodios se enmarcan dentro de la efervescencia del Cisma de Occidente.

En otro orden, hay que mencionar a los integrante del Colegio Cardenalicio encargado de la elección papal, estaba formado por el clero romano, muy endogámico, que generalizó la elección de Papas entre su reducido círculo, por lo que se explica el extraordinario número de Papas italianos.  Los precedentes de este órgano se sitúan en el Sínodo de 1159, por el que Gregorio IX toma a algunos de los rectores de la basílicas romanas como auxiliares y colaboradores suyos, no excediendo su número de 30, y no disminuyendo de 12. Tomarán el rojo como color característico y su cargo será vitalicio, nombrado directamente por el Papa. Entre sus funciones cabe destacar la de “legados papales”, encabezando las partidas diplomáticas desde Roma al resto de la Cristiandad, destacando aquélla que envió Clemente VII en el marco del Cisma para obtener el respaldo de los monarcas castellanos (el legado hablaba castellano, catalán y aragonés). A partir de este momento se evidenciarán algunos signos de debilidad: El incremento en los principados alemanes del antipapismo, la complejidad del mapa político italiano, el nuevo poder que van adquiriendo los monarcas, apropiándose de ciertas rentas del Papa, etc.

En cuanto a su organización, detacan varios órganos: La corte pontificia, encargada de los servicios personales del Papa (el capellán pontificio, por ejemplo); la cancillería, que es el órgano de comunicación con el entorno eclesiástico (entre cuyo personal se hallan bajo el importante cargo de vicecanciller los scriptores, abreviatores o notarios); o la cámara apostólica, que se encargaba de los aspectos fiscales, así como de la acuñación de moneda, a cuyo cargo se encontraba la figura del camarlengo. En este último órgano conviene detenerse para explicar algunos de los numerosos impuestos que dirigirán:
  • Dcho. De Expolio: Sobre bienes inmuebles
  • Anatas: Que se cobrara cada año y gravaba el sueldo del personal eclesiástico (en este apartado, tengo dudas acerca de la fiabilidad de mis apuntes).
  • Vacante: rentas sobre obispados o monasterios por cada nuevo cese.
  •  Subsidios
  •  Décimas: Impuesto sobre los diezmos
  •  Procuración de visitas: El obispo debe cobrar por visitar el territorio que tiene adscrito. En caso de enviar a un delegado que fuese por él, también se gravaba.
  •  Regalos y donativos.
Asimismo, se llevará a cabo una sistematización de la labor judicial mediante la Audiencia de Palacio o Tribunal de la Rota, así como el de réplicas para reabrir un pleito ya resoluto. Todo ello a cargo de unas personas con una firme clasificación jerárquica y una fuerte formación universitaria, que llevaban a cabo las tareas diplomáticas, fiscales, eclesiásticas, etc. Y es que en muchas ocasiones, los legados y los nuncios lo eran “at latere”, o lo que es lo mismo: Con potestad para decidir cual si del Pontífice se tratase.

Por último, se hizo un breve comentario sobre el Concilio General. Surge al raíz del conciliarismo, doctrina heterodoxa por la cual se cree que los integrantes del mismo están inspirados directamente por Dios. Esto quiere decir que están por encima del Papa siempre y cuando estén reunidos. Se trata de una herramienta de poder frente a la plenitudo potestatis pontificia que cobra relieve a medida que el poder del Papa declina. En momentos de debilidad, surge el concilio, que florece de forma evidente a partir del siglo XIII.

Como síntesis, podemos indicar que el Pontificado va a servir como modelo administrativo para las monarquías pleno y bajo medievales desde el siglo XI. Los ejemplos los encontramos en el surgimiento de Cancillerías regias y la duplicidad, cuando no apropiación (sobre todo a partir del siglo XV), de ciertas atribuciones fiscales.También, reflejo de este modelo a seguir, será la sacralización del poder mediante atributos de representación, que constituirán una ritualidad política indiscutible.

Clase del 13-V-2013 

miércoles, 8 de mayo de 2013

EL EXPLENDOR CULTURAL DEL SIGLO XII: Clase del día 30 de Abril

ELISABET RINCÓN CÓRDOBA

En la clase del 30 de abril, se centró en el contexto del renacimiento y esplendor cultural que se vivió en el siglo XII, y que se empezó en la clase del día anterior. Tratamos los temas de las escuelas urbanas y catedralicias, de las principales escuelas que hay en Europa, destacando las de Francia, Italia y la Península Ibérica, y por último de los principales autores que había en este momento.

En primer lugar se habló de las escuelas urbanas y las catedralicias. Ambas son en la ciudad, y en ella, la enseñanza y la escuela son competencia de un obispo. Los maestros y estudiantes son clérigos, hombres de iglesia y el más alto cargo eclesiástico en la ciudad era el que tenía derecho a otorgar la licencia docendi, la licencia que se daba para impartir enseñanza.

Sin embargo, de un siglo a otro, el número de estudiantes crece y se eleva el nivel de los estudios. Cualquier escuela que daba una formación retórica a adolescentes ofrecía, en el siglo XII, una formación superior a jóvenes y adultos. (PAUL, Jaques, 2003: 190). Fue entonces cuando algunas escuelas urbanas comienzan a aceptar otro tipo de estudiantes, no religiosos, e incluso pobres, no pertenecientes a las grandes familias.
En las escuelas catedralicias también aumentó la demanda ya que había un mayor interés por la cultura y la formación. El oficio de la enseñanza empieza a verse como un trabajo honrado, como un oficio más. Es en estas escuelas donde tienen origen las universidades y se fomenta en ellas la utilización de la dialéctica, utilizan la escolástica. Daban una mayor relevancia a las autoridades, eran fundamentales para la discusión y la argumentación, y para ello necesitaban nuevos textos. La inmensa cantidad de traducciones que se realizan es uno de los grandes legados del siglo XII, entre ellas se encontraba el corpus completo de las obras de Aristóteles, obras de Avicena, Averroes, Ptolomeo, Pedro Lombardo, Adelardo, etc.

Para la explicación de cómo consiguieron estos nuevos textos hay dos teorías. La tradicional y más probable que nos habla del aporte islámico a través de la Península Ibérica fundamentalmente, y la novedosa de un historiador francés que asegura que los manuscritos ya estarían en los monasterios de occidente y que no vinieron de oriente.

Este aporte islámico es importantísimo, fundamental para la recuperación del conocimiento antiguo y la aportación de obras musulmanas. La biblioteca del califato de Córdoba era la más grande de Europa con 400.000 ejemplares, cuando la siguiente más grande era Ripoll con 120. Es por ésta vía por donde reaparecen los textos de Aristóteles con la adición de que estaban comentados por intelectuales musulmanes. Llegan aportes de muchos grandes autores musulmanes y hacen que varias ciudades de la Península tengan un gran auge intelectual, como es el caso de Zaragoza y Toledo, en la que hay una convivencia multicultural en la que trabajan juntos y se hacen gran cantidad de traducciones, destacando por tanto la escuela de traductores de Toledo.

Las principales escuelas de este siglo están en Francia, Italia y la Península Ibérica. Francesas destacan Chartres, la cual tiene cierta inclinación por los estudios científicos y tiene profesores muy importantes. La escuela de San Víctor, la escuela catedralicia de Notre Dame y la escuela de la abadía de Santa Genoveva.

En Italia destacan la escuela de Bolonia, centro principal de estudios jurídicos donde se recupera el Derecho Romano del Corpus de Justiniano, y Palermo y Salermo, centradas en estudios de medicina. Estas escuelas no están adscritas a catedrales ni tienen control eclesiástico, por lo tanto son un punto de entrada del conocimiento y están más abiertas a los nuevos aportes, especialmente islámicos.

En la Península Ibérica, como ya hemos dicho, destaca la escuela de Toledo, hasta cierto punto comparable con el foco intelectual formado en torno a París y Bolonia, ya que se unen saberes de tres culturas, con traductores, profesores, investigadores, etc. (SOTO RÁBANOS, José María, 2000: 231); pero también se crean los estudios generales en Palencia. Esto es debido a que se sienten exentos del Sacro Imperio por no haber recibido los territorios de él, sino que lo han conquistado a los musulmanes y por lo tanto actúan de forma independiente. Otro centro de importancia es Salamanca.

Los autores relevantes de este renacimiento son:
Thierry de Chartres ( - 1150), quien estudia textos bíblicos, clásicos y da relevancia al estudio de las matemáticas.
Guillermo de Conches (1080/1090 – (1145/1150), usa casi exclusivamente la razón y fue acusado de filosofar sobre la divinidad y abandonar el sentido literal de las escrituras.
Pedro Abelardo (1079-1142), está muy por encima del prototipo intelectual del siglo XII, tiene curiosidad por conocerlo todo, funda su propia escuela y era maestro de teología. Se granjeó muchos enemigos por su actitud y sufrió persecución intelectual. También él utiliza la razón para la comprensión. En 1140 se condenaron y quemaron sus libros, por lo que él se refugió en Clunny, que está bajo poder eclesiástico, huyendo del poder regio francés.
Adelardo de Bath (1080-1135), viaja por Sicilia, Anatolia, Palestina, Hispania, puede porque domina el árabe,  también va a Inglaterra. Los viajes le cambian su forma de ver el conocimiento. Lleva a cabo estudios muy amplios de ciencia, traducciones, etc. defiende la razón y da un peso muy importante a las fuentes.
Juan de Salisbury (1115-1180), está al servicio de Thomas Becket, es una fuente para conocerle, incluso narra cómo le matan. Luego regresa a Francia y desarrolla allí su labor intelectual. Escribe un tratado de política explicando, a su entender, cómo se debe regir un reino, con una concepción hierocrática de la monarquía.
Arnaldo de Brescia (1100-1155) recibe formación eclesiástica, es discípulo de Pedro Abelardo. Defiende la pobreza eclesiástica en Italia y es condenado en Roma por criticar a la iglesia. Regresa a París junto a Pedro Abelardo, pero se enfrenta a Bernardo de Claraval y es obligado a retirarse. Va de nuevo a Italia pero de nuevo es condenado por la defensa de la pobreza cristiana y el apoyo de la comuna de Roma. Cuando Federico Barbarroja llega a Roma, es entregado por negociaciones al papado y es decapitado.

- PAUL, Jaques. Historia intelectual del occidente medieval. Madrid: Cátedra, 2003 (1998).
- SOTO RÁBANOS, José María. Las escuelas urbanas y el renacimiento del siglo XII. Logroño: Instituto de Estudios Riojanos, 2000.

martes, 30 de abril de 2013


LAS NUEVAS INQUIETUDES INTELECTUALES (SIGLO XI), Y LA IGLESIA DEL DOMINIUM MUNDI.


Las nuevas inquietudes intelectuales
Para poder comprender, en toda su magnitud, la naturaleza del mundo intelectual propio del Occidente europeo del siglo XI, resultaría imprescindible reseñar los fundamentos teóricos que conforman el pensamiento del que quizás haya pasado a la Historia como el principal promotor de los postulados básicos que caracterizarían el cambio intelectual de la centuria siguiente en el marco del denominado Renacimiento del siglo XII: Gerberto de Aurillac, papa electo con el nombre de Silvestre II.

El siglo de Gerberto de Aurillac (Silvestre II)
Surgido en la escena política europea de la segunda mitad del siglo X como un ferviente partidario de la supremacía imperial sobre el Papado romano, Gerberto desarrollaría su labor (en un principio, estrictamente eclesiástica) al amparo del emperador Otón II, quien no dudaría en designar a Gerberto como preceptor de su propio hijo (futuro Otón III).

Aprovechando la ventajosa coyuntura en que la estima imperial le había situado, Gerberto le transmitiría al príncipe Otón su cosmovisión política, la cual abogaba por la existencia de un único soberano universal (ideal del dominium mundi) cuyos deberes estribaban en la justa ponderación y ejercicio de la prerrogativa de regir a los hombres acatando para ello, en todo momento, la superioridad de la Razón (emanación de Dios mismo) como elemento legitimador de su gobierno. Las enseñanzas de Gerberto, inspiradas esencialmente por Aristóteles, impresionarían vivamente al joven pupilo, el cual, una vez verificada su asunción de la corona imperial, trataría por todos los medios de llevarlas a la práctica en el convulso contexto político de la Italia del siglo X. Considerando Otón III que el régimen de gobierno más próximo al pensamiento político de Gerberto resultaba ser el Imperio romano, se afanó en restablecer en su conjunto el poder romano como objetivo primordial de su reinado, instaurando oficialmente la corte imperial en Roma y concibiendo la existencia del Papado como un sujeto que debía permanecer supeditado a la autoridad religiosa del emperador como primer representante de Dios en la Tierra que éste era realmente (desde la óptica de Gerberto). Para situar a la Iglesia bajo su férula, Otón III terminaría por impulsar la elección del propio Gerberto como sucesor del difunto Gregorio V (fallecido, por otra parte, en extrañas circunstancias). No obstante, el proyecto imperial de Otón III fracasaría merced a la rebelión de la plebe romana que le forzó a emprender la huída de la Ciudad Eterna en compañía de Silvestre II, a quien únicamente le permitiría regresar el Sacro Colegio una vez fallecido el emperador.

Gran conocedor de la ciencia musulmana a través de Al-Ándalus (permaneció en la corte califal cordobesa alrededor de cuatro años, durante los cuales aprovechó para absorber todos los conocimientos posibles), compuso tratados de matemáticas y lógica, llegando incluso a confeccionar un tipo de ábaco que llegó a conocer una amplísima difusión en la Europa medieval. Asimismo, es el responsable de la introducción del sistema decimal en los cálculos matemáticos en el Occidente cristiano mediante una bula papal que sancionaba la obligatoriedad de su uso en los monasterios.

En una línea de trabajo análoga a la postulada por Gerberto, aunque no coincidente con la de éste en múltiples aspectos, Abón de Fleury llevará a cabo una labor docente y científica que redundará directamente en la formación de una serie de intelectuales cuya intervención sería de trascendental relevancia en el contexto de la germinación del Renacimiento del siglo XII. Sus obras, inspiradas por la concepción de que la razón, aun resultando de ostensible utilidad a la hora de tratar de comprender la naturaleza y la esencia fundamental de la verdad divina, no puede facilitarnos sino tan sólo una mínima parte del conocimiento de ésta, estribarían fundamentalmente en el análisis racional (y por ende, matemático) de las siete artes liberales.
A medida que se vayan aproximando los prolegómenos del siglo XI, Europa Occidental comenzará a experimentar una nueva mejoría, confirmándose la circunstancia intelectual de que, en efecto, se observará una continuidad con el pensamiento de Gerberto. Asimismo, se apreciará una incipiente estima intelectual hacia las artes liberales (caso de Abón de Fleury, verbigracia), lo cual no dejará de ser, esencialmente, sino un antecedente del discurso cultural imperante en el transcurso del Renacimiento del siglo XII. Igualmente, la no superación del debate entre razón y fe no perderá vigencia, prolongándose en el tiempo hasta más allá del siglo XII.

Berengario de Tours antepondrá, en importancia, la razón a la fe misma, dado que la primera constituye, para Berengario, la herramienta crucial para dilucidar los misterios de la fe, opinión que le supondrá el ser tachado de filósofo por los teólogos. De entre éstos, Lanfranco de Pavía, otro gran intelectual de la centuria, será su rival más descollante. A su vez, éste último reflexionará sobre la razón, llegando a albergar cierta simpatía por su uso teológico, aunque siempre desde la inquebrantable convicción de que la fe proporcionaba un conocimiento del que la razón ni siquiera podía participar.

Por su parte, Anselmo de Canterbury, formado especialmente en retórica y lengua latina, responderá más a la vida eclesiástica con la que se había comprometido que a una existencia más específicamente dedicada al cultivo de las letras y las ciencias. Esto no le impedirá, empero, proceder con el análisis lógico del discurso teológico, habiéndose definido previamente no como un filósofo, sino como un humilde monje celoso de encontrar el camino de la fe a través del estricto empleo de la razón, llegando finalmente a la conclusión de que la razón es, junto a la fe (obviamente), fuente de incalculable valor para el conocimiento de Dios. Para ello, partirá de la observación de que las manifestaciones de la Divinidad responden básicamente a la verdad tangible, constituyendo, por tanto, el análisis del mundo palpable el de la Divinidad misma. Para Anselmo, resultará necesario conocer la fe como camino de la contemplación divina, aun cuando repute como más importante el alcance de la Divinidad a través de la combinación entre la razón y la fe, puesto que en el pensamiento de Anselmo la razón funciona como un elemento perfeccionador de la fe. A tal respecto, podríamos afirmar que la concepción teológica de Anselmo participaría en esencia del movimiento intelectual y religioso de la teología racional, situada en un punto más bien equidistante entre el uso preferente de la razón y el estricto de la fe en el seno del debate dialéctico que enfrentó a los partidarios las posturas anteriormente señaladas.

La generación de pensadores que, partiendo de Gerberto de Aurillac, desarrollarán su labor en el contexto de la polémica por el predominio de la razón o de la fe y de la permeabilización del mundo cristiano ante los estímulos científicos procedentes de Oriente y de Ál-Ándalus, sentarían, en efecto, las bases para la reforma cultural que resultaría del mencionadoRenacimiento del siglo XII. Por otra parte, no deberíamos sigilar la realidad de que el siglo XI responde a una cronología esencialmente caracterizada por el crecimiento económico del Occidente europeo, debido éste en cierta medida a la bonanza que conllevaría el restablecimiento a gran escala de las rutas comerciales occidentales con el Oriente musulmán a raíz del hecho bélico de las Cruzadas. Dicha pujanza pecuniaria, invertida muy particularmente en el mundo urbano, redundaría directamente en el crecimiento de las urbes y en la expansión de la vida cultural, con lo cual se sembraría la semilla de lo que posteriormente podría ser definido como una época de desarrollo y estímulo de la cultura intelectual europea.


 La Iglesia del dominium mundi (c. 1150-c.1300)
La evolución de los diferentes poderes regios occidentales supondrá para la Iglesia, embarcada en la empresa de la plena asunción del dominium mundi, un punto de inflexión en su pugna con el Imperio, y con el afán de conjurar la amenaza que tanto la autonomía de los primeros como la todavía considerable capacidad de acción del segundo constituía para las ambiciones terrenales del Papado romano, el aparato político pontificio tratará de dotar a la Iglesia de una eficiente administración cancilleresca y de un sólido órgano de gobierno. Aprovechando, a tal respecto, el crecimiento económico que experimentaba la sociedad medieval occidental en el siglo XII, la Iglesia, como institución que retenía pingües beneficios mediante su relación con los poderes políticos de Occidente, planteará una profunda reforma política interna cuya proyección exterior estribaba en la defensa del ideal de la plenitudo potestatis, primer paso hacia el dominium mundi. Asimismo, las ambiciones pontificias hallarán en los efectos religiosos de las Cruzadas un poderoso aliado.

La plenitudo potestatis pontificia
Como tal, la plenitudo potestatis surgirá de la prolongación del conflicto que mantenía el aparato pontificio con los poderes políticos, constituyendo la libertas Ecclessiae el punto de partida de la pugna política por el dominium mundi.

El siglo XII no dejará de ser una mera continuidad en este sentido, dado que los enfrentamientos se suscitarán por causa de la libertas Ecclessiae, destacando muy particularmente las cuestiones referentes a la conflictiva jurisdicción sobre los reos eclesiásticos y sobre las investiduras episcopales. Tal será el caso, verbigracia, de la actitud invasiva de Federico I en el control administrativo eclesiástico, la cual estribaba en la voluntad imperial de acaparar la totalidad de las investiduras episcopales en el Imperio.

Por otro lado, deberíamos tener presente el hecho de que en Italia, por ejemplo, la situación ofrecerá una imagen diametralmente diferente a la que mostraba en siglos anteriores: en este preciso momento, en Italia el poder del pontificado romano gozará, ostensiblemente, de mayor margen de maniobra.

Igualmente, no podemos obviar el hecho de que la casuística será tan amplia como lo es el espacio geográfico antaño dominado por los poderes regios de Occidente: sin ir más lejos, la figura de Enrique II de Inglaterra resultará altamente ilustrativa a tal respecto.

En el siglo XIII, observamos una clara vigencia en el rechazo imperial hacia la plenitudo potestatis. Esto explica que, durante la minoría de edad de Federico II Roger, rey de Sicilia, el reino será gobernado por una regencia compuesta íntegramente por eclesiásticos hacia la que no disimularán su rechazo los componentes de la nobleza normanda siciliana. Como es evidente, en el fondo se perpetúa el conflicto entre las coronas y la Iglesia. Sin embargo, y a pesar de que el Papado romano se vea forzado asiduamente a luchar por su particular libertas, en el seno de la Iglesia no se dudará ya acerca de la indiscutible primacía del obispo de Roma.

Por lo tanto, el papado será, ya definitivamente, cabeza de la Iglesia católica. En este sentido, resulta de especial relevancia la persona de Inocencio III, pontífice responsable del impulso y planificación de cruzadas, no siempre contra el Islam por cierto. Además, en el IV Concilio Lateranense se plasmará eficazmente que el Romano Pontífice es el príncipe de la Iglesia por antonomasia.

Todas las circunstancias anteriormente reseñadas repercutirán en la creación efectiva de un aparato administrativo y de gobierno pontificio centralizado, base que posteriormente se revelará como indispensable en el marco del desarrollo político de la Iglesia a lo largo del siglo XII.

En este sentido, las bases serán el derecho canónico, el Tribunal de la Rota, la Cámara Apostólica y el Sacro Colegio principalmente.

-El derecho canónico:
Basado en la tradición jurídica romana y en la primitiva legislación de los pontífices, reflejará la infalibilidad del Papa como elemento inspirador de la ley canónica. Asimismo, el derecho canónico reputa las ideas pontificias sobre los dogmas de fe como dogmas en sí mismas. En cualquier caso, este corpus jurídico se irá enriqueciendo progresivamente a partir de la sanción de decretos pontificios o de la celebración de concilios.

-El Tribunal de la Rota:
No constituye sino el eje vertebrador de la administración de la justicia en el seno de una Iglesia que goza de una libertad suprema.

-La Cámara Apostólica:
El elemento más importante en la vertebración y constitución de un estado es la tributación. Así pues, y a medida que vaya estableciéndose un aparato de gobierno en la Iglesia, se irán perfilando los rasgos funcionales de la tributación propia del estado papal. La Cámara Apostólica, pues, se afanará en regular las exacciones pecuniarias sometidas a la jurisdicción de la Iglesia.

-El Sacro Colegio:
La Curia pontificia, a partir de este contexto histórico, comenzará a retener un poder cada vez mayor, no sólo como institución que aglutina a los individuos más cercanos al Romano Pontífice, sino también como cantera humana de la corte papal.

En el siglo XI, la Iglesia experimentará una centralización monárquica, persiguiendo el control de todas las sedes eclesiásticas a través de las legaciones papales, con unos legados que, ante los soberanos cristianos, poseían la misma autoridad y poder coercitivo que el propio Papa.

Las propias circunstancias políticas resultantes del conflicto con el Imperio nos ponen sobre la pista de una virtual victoria del Papado sobre los emperadores. De hecho, Federico II Roger será, quizás, el último gran emperador que podrá enfrentarse siquiera al Papado romano. El fin último de su sucesor siciliano, Conradino, refleja a la perfección la nueva coyuntura política que se le abría al pontificado de Roma. Asimismo, cabría señalar el hecho de que durante el Gran Interregno imperial, será el Papado el principal árbitro de las disputas en torno a la asunción de la dignidad y poder imperiales.

En el ámbito papal, habrá una cierta falta de conciencia de la realidad política tras la derrota del Imperio como poder universal. Habiendo conseguido domeñar a los emperadores, los papas no serán conscientes de que su propio éxito les imposibilitará situar bajo su férula al resto de poderes regios de Occidente, quienes, sin aspirar a la obtención de ninguna clase de prerrogativa universalista, se ampararán en la máxima rex est imperator in regno suo. No obstante, bien es verdad que los papas tratarán de intervenir, igualmente, en las cuestiones relativas a las diversas cancillerías. Bonifacio VIII será la máxima expresión de la autoridad suprema pontifica en este sentido, o al menos de las esperanzas que el Papado tenía depositadas en la rígida aplicación del ideal del dominium mundi: no dudará este pontífice en intervenir en materia eclesiástica en todos los reinos, destacando, en este sentido, la bula Unam sanctam. Esto le conducirá al desastroso choque frontal con la monarquía francesa (Atentado de Agnani), y una vez occiso Bonifacio VIII, en la misma Iglesia se suscitarán dudas acerca de la posibilidad del mantenimiento a largo plazo de un conflicto semejante con cualquier otra corona europea.

Hasta Bonifacio VIII, pues, nos encontraremos con unas disposiciones pontificias muy específicas en cuanto a las concesiones de la Iglesia y a sus límites. Sin embargo, a partir de la muerte de Bonifacio VIII, los pontífices habrán de ceder asiduamente, y en prerrogativas que se creían apuntaladas en la Iglesia, lo cual responderá, en sí mismo, a un sustancial cambio en el concierto político del Occidente cristiano medieval.

Jorge Rosales Pulido.

Clase del día 24 de abril.

Los nuevos movimientos religiosos



Los nuevos movimientos religiosos que se dieron en Europa a partir del siglo XI por una multiplicidad de causas, fueron el tema principal a tratar en clase. Un gran empuje de estos movimientos fueron las Cruzadas, las cuales tenían móviles económicos, sociales y políticos. Las aspiraciones pontificias, fueron un gran aliciente a la expansión de los sentimientos religiosos. Su afán de conquistar territorios a través de reyes a los que concedían permisos de cruzada con bulas selladas, hizo que se expandiera la idea de “acabar con el infiel”. Además, surgen los movimientos de peregrinaciones y las penitencias como medio de redención y búsqueda de la salvación. Y por esta razón, las Cruzadas tuvieron seguimiento social. 

La cruzada suponía un método de penitencia, además, al ser enviadas a Jerusalén en gran parte de los casos, mostraban una simbología de llamada a la “Jerusalén Celeste” y un castigo hacía los “verdugos de Cristo”. En esta época, además, el contexto europeo acompañaba a las pretensiones de cruzada. Tenemos que tener en cuenta que la Iglesia contaba con una gran confianza en sí misma y la Europa cristiana pasaba por una etapa violenta y una influencia feudal importante. Otro tipo de característica de la cruzada, aparte del sacrificio que conllevaban, sería la concesión de indulgencias a todo aquel que luchara contra el “infiel”. Podía basarse en una participación personal o económica. Por ello, las cruzadas se sustentaban en guerreros cruzados que las apoyaban con sus armas o en colaboradores de las mismas, que sin ir a la guerra, las apoyaban económicamente, ganando así, la indulgencia. La bula de cruzada no siempre se concedía para ir a Tierra Santa, sino para luchar contra el infiel en un sentido amplio, como hemos visto. Sin duda, las Cruzadas supusieron una fuente de ingresos para el poder político y eclesiástico, por ello, se ha estudiado mucho el interés económico de las mismas y sus funciones para el poder. Cuando un papa concedía una bula de cruzada a un rey, ambos salían beneficiados. Ciertamente, eran los reyes los que recibían más beneficios del hecho de cruzada, pero la legitimidad que adquiría el poder eclesiástico no tenía precedentes, incluso llegó a dominar territorios eclesiásticamente, como el Patriarcado de Jerusalén, imponiendo su poder en Oriente. Las cruzadas corrientes eran dirigidas hacía Tierra Santa. La llamada la “Cruzada de los Pobres”, no fue una cruzada autorizada por bula. Fue llevada a cabo por Pedro el Ermitaño, espontáneamente hacia Tierra Santa. Acabó en el mismo año con el desastre de Nicea a manos de los turcos. La historiografía recoge que fue el preludio de la Primera Cruzada (1095-1099), que se llevó a cabo, sobre todo, por el Reino de Francia, el Sacro Imperio Germánico y por diversos condes de Flandes y de otros sitios, impulsados por el prestigio, la religión, las riquezas, la promoción social, etc., y la tutela y bula de Urbano II. Durante la Segunda Cruzada (1147-1149), convocada por Eugenio III empiezan a surgir problemas. Esta tenía como objetivo Damasco, pero nunca consiguieron tomarla y de hecho supuso una gran derrota para los reinos cristianos y la victoria musulmana. La Tercera Cruzada (1189-1192) o también llamada “Cruzada de los Reyes”, tenía como pretensión tomar Jerusalén y ha pasado a la historia como una de las más famosas. La reconquista de Jerusalén fue llevada a cabo por Saladino, quién por medio de un pacto, consiguió tomarla y mantener bastantes territorios bajo el poder cristiano. En esta cruzada también destaca la intervención de Federico I Barbarroja y Ricardo Corazón de León. La Cuarta Cruzada (1203-1204), fue motivada por los intereses económicos venecianos, y dirigida a Constantinopla. Supuso el saqueo de la capital del Imperio Bizantino. La Quinta Cruzada (1217-1221), tenía como motivación tomar Egipto, ya que era la llave hacía Tierra Santa. Fue convocada por Inocencio III. Finalmente, las tropas fracasaron en Egipto viéndose obligados los reinos cristianos a firmar una paz de ocho años. La Sexta Cruzada (1228-1244) fue una de las más curiosas, llevada a cabo por Federico II Roger, después de ser excomulgado por el Papa al retrasarla. Fue un triunfo, pues conquistó Jerusalén -excepto la Cúpula de la Roca-, tras las negociaciones con al-Kamil. Se coronó Rey de Jerusalén sin reconocimiento papal. Finalmente, Jerusalén es reconquistada por los musulmanes en 1244. La Séptima Cruzada (1248-1254), encabezada por Luis IX el Santo, se dirigió a Egipto. Por el mismo rey fue dirigida la Octava Cruzada (1970-1971), para defender los derechos de Carlos de Anjou en Nápoles.

Aparte de las Cruzadas, habrá otra serie de luchas contra el “infiel”, como por ejemplo en el territorio báltico contra los prusianos, a los cuales les atacará la Orden Teutónica. Incluso con protestas de los reyes de Polonia, por la pérdida de sus territorios. Vemos pues, el elemento de interés económico y político que tuvieron estas luchas o persecuciones. Las cruzadas hispánicas también serán muy importantes, como por ejemplo su repercusión en la Batalla de las Navas de Tolosa en 1212. También fue común que surgieran cruzadas cuando los reinos necesitan dinero, por ejemplo en 1431 Juan II pidió una bula de cruzada para luchar contra lo “infiel”, lo que en realidad fue dinero utilizado en campañas de Granada. Gran repercusión en este terreno tuvieron las llamadas cruzadas albigenses contra la herejía cátara, sobre todo en el territorio de Languedoc, dentro de una noción de “Cruzadas antiheréticas”. También serán importantes las cruzadas contra los turcos, las cuales no tendrán mucha relevancia pero si una significativa contribución económica.
Sin embargo, el “espíritu cruzadista” fracasará. Las aspiraciones que en un primer momento motivaron a su realización se ven frustradas e incapacitadas para acabar con los infieles. A finales de la Edad Media la capacidad de atracción de las Cruzadas pierde fuerza. Los papas comienzan a no tener tanta legitimidad en ellas y el espíritu, como hemos dicho, se desvanece. Sobre todo fue, el afán de pretender conquistar y mantener Tierra Santa y los intentos fracasados, lo que hicieron que el empuje cruzadista desapareciera.

En la clase también se dio lugar al conocimiento y debate sobre la multiplicación de las órdenes religiosas durante esta etapa histórica. La primera en conformarse fue la Orden de Cluny o cluniacense, la cual sería un acicate para la Reforma Gregoriana, ya que hubo voces que se revelaron hacia su ostentación. A partir de este momento se va a promover un afán generalizado por volver al cristianismo primitivo. Surgirán soluciones ortodoxas, que defenderán una vida monacal. Entre los siglos XI y XIII se van a dar cambios sociales que comenzarán a ver a la religión de otra forma. Aparecerán nuevas formas de expresión, nuevas órdenes, otras formas de monaquismo. Nacerán tendencias como el eremitismo, sobre todo a partir de la Reforma Gregoriana. Eran personas que abandonaban las ciudades y se iban a los bosques a vivir una vida de contemplación. En esta época las fuentes les mencionarán recurrentemente, por lo tanto, es un movimiento social a tener muy en cuenta en estos siglos de la Edad Media. Son vistos como un modelo de sacrificio por la religión y muchos serán objetos de culto o, en algunos casos, beatificados. Surgen también los predicadores, muchos de ellos eremitas que se dedicaban a predicar el cristianismo en su forma más primitiva. Movieron masas de gente y finalmente fueron vistos por el poder eclesiástico como una herejía, ya que cuestionaban algunos usos del clero. Asimismo, se comenzarán a llevar a cabo reformas para que los canónigos vivan en comunidad. El clero regular, por lo tanto, pasa a llevar una vida más comunitaria, pero sin dejar de estar lejos de la sociedad. En algunos casos, incluso, llevarán una vida de dedicación a la enseñanza. Se crearán escuelas de pensamiento místico y otras labores. Este clero regular será muy importante, ya que será visto diariamente por la sociedad y el ejemplo a seguir. Hablamos pues de órdenes como la premostratense -la cual fue muy dicada a la predicación y el trabajo manual-, la cartuja -surgida en los Alpes, con una vida monacal muy radical en cuanto a su individualidad y silencio-, la cisterciense- surgida en Citeaux. Su lema será el “ora et labora” y surgirá como oposición a la ampulosa vida cluniacense-, la hospitalaria- que atenderá a los enfermos y se dedicaría a la curación-, la trinitaria, la mercenaria, y por último, las órdenes militares, como la Orden de Malta o la Orden del Temple.

La oposición a la riqueza del clericalismo surge también a través de herejías que alimentan el “anticlericalismo”. Estas herejías, en la mayor parte de los casos, surgen sin bases ideológicas firmes y serán las cuestiones sociales que les afectan y el intento de vuelta a los orígenes, su criterio de enfrentamiento con la Iglesia. De esta base surgirán una gran multiplicidad de herejías menores o sociales como la herejía patarina, surgida en el norte de Italia (Milán), en un medio urbano. Dicha herejía, pretendería una racionalización y negación de los sacramentos. En este ámbito fue importante la herejía del Arnaldismo, también surgida al norte de Italia y fundada por Arnaldo de Brescia. Entre sus bases ideológicas estará su oposición al pontificado. Los arnaldistas llegarían a tener una gran relevancia, de hecho, fundarían la República de Italia (aunque duró poco y su mentor moriría quemado). En esta oposición a la pompa clerical nacerán personas que aboguen a una pobreza voluntaria en su búsqueda de un cristianismo más puro y primitivo, alejado de la suntuosidad. Sin embargo, pese a todos estos movimientos que reaccionaron contra el poder del clero, será la amenaza cátara la que si supondría un cambio y una redefinición de la visión religiosa. 

Clase 23 de abril

Marta Pérez Hernández